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divendres, 12 de juny del 2009

Pequeñeces



Es una pena no tener fotografías. De esas que tienen todas las parejas, que salen juntos, besándose o abrazándose. Sonriéndose. Todas esas cosas que se hacen cuando uno esta enamorado. Mejor dicho, cuando dos están enamorados. Es una pena. Porque ahora las estaría mirando. Sin aliento. Sonriéndole a la foto pensando justo en el momento en que nos la sacábamos. ¡Sí! Y entonces te llamaría por teléfono y nos reiríamos al recordar ese momento. Pero solo me quedan de las otras, y sin embargo las mejores. Las que tienes en tu mente. Siempre ahí, clavadas como si fuesen algo imprescindible en tu vida. Además las tienes clasificadas por meses y por estados de ánimo. Un lujo. ¡Hasta se pueden apreciar los movimientos e incluso los diálogos borrosos que mantuviste! Que lastima que el mejor adjetivo que define el tiempo sea borrosidad. Al fin y al cabo solo te acordarás de esas pequeñeces que la mente quiere acordarse y punto. El gana siempre. Tú pierdes a tu manera. Pero y de las otras palabras, ¿Dónde van? ¿Dónde se quedan? ¿Como recuperarlas y no olvidarlas? Me hubiera gustado que los seres humanos hubiéramos nacido con una grabadora de diálogos en la mente. Y así como las fotografías, las clasificaría, esta vez por álbumes de personas y con fecha. Seria la bomba, ¿no crees? Imagínate: recordarlo todo, verlo todo, escucharlo todo exactamente igual. Igual. Igual. ¿No te fascina la idea? Creo que me moriría. Moriría de obsesión. ¿Se puede morir uno de tanto amor fotográfico?
Yo de pequeña tenía una grabadora. ¿Y tú, la tuviste?